
David Arthur
Leemos una historia maravillosa en Marcos 4:34-40. Ustedes lo recuerdan – los discípulos están cruzando el mar de Galilea después de un duro día de ministerio. Jesús está tan cansado que se duerme en la popa del barco. Una tormenta severa viene sobre ellos rápidamente. El bote se está llenando de agua por las olas que golpean los costados. El pánico hace presa de los corazones de los discípulos. Jesús sigue dormido.
Los discípulos-después de trabajar duro para sacar el agua del bote y evitar hundirse y morir en la tormenta, deciden que es tiempo de despertar a Jesús. Aquí es donde lo hicieron mal. No fue que ellos despertaran al Salvador sino cómo lo despertaron. “¿Maestro, no te importa que perezcamos?”. ¿No importarte? ¿Seguro? ¿Es eso lo que los discípulos pensaron? ¿Realmente pensaron que el Hijo de Dios, el Mesías, el Hijo de David iba a permitir que ellos se hundieran en un accidente en el mar de Galilea, sin alcanzar la misión dada por Dios?.
Repasemos lo que ellos habían experimentado con Jesús hasta el momento: sanidades sobrenaturales, sorprendentes, inexplicables – gente paralítica, ciegos, leprosos- ¡GENTE MUERTA! Echando fuera demonios, ¡solo para escuchar que los demonios proclamaban que Jesús es el Hijo de Dios ¡.
Con todo esto en mente, ¿ellos pensaron que a Jesús no le importaba si ellos morían?, ¿o había algo más ahí en su acusación?, ¿Pudiera ser que ellos estaban luchando con CREER REALMENTE que Jesús era el Hijo de Dios?. Después de todo, El estaba exhausto del ministerio y dormido en le bote…¿qué tipo de “Dios” duerme?.
Siendo despertado, Jesús dijo al viento y a las olas: “Calma, sosiégate” ¡Y funcionó! El relato de Marcos nos dice que todo volvió a la completa calma. Perfecto. Pero Jesús no había terminado. El se volvió a ellos y dijo: “¿Por qué están atemorizados?, ¿Cómo no tienen fe?”
Fe. Significa confiar en Dios. Significa REALMENTE CREER que El es Dios, capaz de calmar los vientos, sanar al enfermo, alimentar y vestir a Sus Hijos.
¿Cómo está tu fe?, ¿cómo se mantiene en tu economía?, ¿tu ministerio?, ¿tu familia? ¿en tu corazón?; ¿realmente crees que Jesús está CONTIGO?, ¿qué El te ama y que nunca te dejará ni te desamparará? (Hebreos 13:5)
Solo recuerda – cuando tienes causa para temer – recuérdate a ti mismo quién está en el bote contigo. “¿Quién pues, es Este que aún el viento y el mar Le obedecen?”
Que el Señor te bendiga ricamente mientras sirves junto con el Hombre – ¡el mismo Hijo de Dios – Jesús!
Por: David Arthur
Vicepresidente de Entrenamiento y Enseñanza
Un Aporte de Ministerios Precepto Ecuador
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